El alicate que nunca usé

A VECES una tiene que hacer lo que tiene que hacer. Estoy abriendo un empaque de lo que se supone será una mesa de centro que compré en IKEA, y mientras lo hago me pregunto por qué carajos la compré.

Yo siempre he sabido que a mí esto de armar cosas no me gusta, pero en algún momento decidí que estábamos los seres humanos aquí para que al final hayamos superado adversidades. Supongo que armar muebles está en la lista.

Como herramientas dispongo de un alicate, destornillador de estrías y un cuchillo como martillo en lo que me animo a ser menos troglodita y compro uno de verdad. Las instrucciones dicen que no es difícil de armar, y que si tengo algún problema no me vuelva loca y llame a la tienda.

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1 –Abro el paquetito lleno de tornillos para irme familiarizando, presentarme y suplicarles que encuentren por sí mismos su espacio en esta vida y no dependan de mí, porque yo no les voy a durar para siempre.

2 –Me empodero de la información: son seis piezas en total. La superficie grande, una más finita que irá debajo y las cuatro patas.

3 –Debo tomar cuatro tornillos y enroscarlos para que se adhieran las patas a la mesa. No sé si al darle vuelta a las patas debo presionar fuerte. No voy a llamar a la tienda para  preguntar eso.

4 -Tengo la sensación de que hay en algún lado error de fábrica. ¡Esto no puede ser tan fácil! PELIGRO: No tengo martillo y veo mucho dibujo de martillo en el manual.

5 –Estoy descalza, observo de cerca mis uñas de los pies. Siempre he sentido que necesitan más atención de mi parte.

6 –Acabo de enroscar la primera pata. Yo debería ser como las patas de una mesa: ellas solas fueron su ruta -hacia la mesa-. Julia de Burgos estaría complacida, comiendo yogurt de melocotón y escribiendo una poesía sobre mesas mientras yo trato de armarla. Ya está la segunda pata.

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Aquí, montando muebles.

7 –AVISO: La tercera pata está como chueca. Que me devuelvan mi dinero, la verdad. Cada que le doy vueltas para enroscarla se desmoronan pedacitos de viruta de madera.

8 –Cuarta y última pata. Debería ser tarea sencilla. Es como cuando tienes un cuarto hijo. Ya te has jodido tanto con el primero, el segundo y el tercero, que el cuarto casi casi quieres que se críe solo.

9 –Llegó el momento de martillar trogloditamente con el cuchillo.

10 -Mientras martilleo pienso: “Wow, quiero agradecerme por comprar esta mesa. Hasta ahora me va bien y nunca pensé…

11 –BOOM. Me acabo de martillar un dedo. Me duele bieeeen ca*%@$. Casi me sale sangre, lo que a su vez casi me genera ganas de llorar, pero

12 – (…)

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*Moraleja #1: Absolutamente todo es acerca de no rendirse. Aunque, en ocasiones, renunciar es otra forma de perseverar. Por ejemplo, de haberme martillado un segundo dedo…

*Moraleja #2: Las mesas de IKEA no requieren alicates.

 

 

4 thoughts on “El alicate que nunca usé

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