No sé a dónde, pero llego

No sé a dónde voy cuando cierro los ojos y me quito la ropa. Creo que me convierto en girasol al revés y la tierra se llena de mi boca. Los dientes se me caen como ramas de árbol y no sé a dónde voy, pero llego a un mundo sin polvos ni memorias. No existen escobas, aquí no hay nada que barrer porque la mentira no ha nacido y me gusta.

Igual me gusta jugar con el par de zapatos que habita bajo la cama. Cuando me canso, me concentro en un armario blanco que está en la esquina, dividido por gavetas. Ahí es donde guardo mis secretos por colores. Cuando voy a buscarlos, no sé dónde están. Se transmutan en brisa y luego, como son fotografía, los arrojo al suelo y sigo. Alquimia para olvidar, desenlazar y otra vez enredarme allí abajo, con las sombras limpias.

Aunque no sé dónde estoy, me pregunto si el cielo cree en lo que yo creo, o si existe otro cielo diferente al que vemos. Quizás el Altísimo vive más alto de lo calculado, en otra ecuación de cumulonimbos verdes. Cuando cierro los ojos y me quito la ropa, cuestiono a quién le oran las hojas. Mientras, me convierto en girasol al revés y la tierra se llena de mi boca.


Mensaje de la autora:

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A ti que frenaste tu día porque en algún nivel te ha importado leer: GRACIAS, por pausar y hacerlo. A veces, los cambios se reducen a la valentía de pausar. Siente libertar de compartirme qué te ha parecido en los comentarios abajo o aquí:                    ➡️m.sotelopadron@gmail.com

¡Un abrazo!

 

marimar.sotelomarimar.sotelo

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