Venezia cabe en una esquina

Desde ayer, por las redes rondan fotografías que ilustran lo limpias que volvieron a ser las aguas de Venezia gracias al aislamiento social auspiciado por COVID-19. La fotografía que más llamó mi atención fue una que mostraba delfines haciendo acrobacias modo Discovery Channel, jajaja.

Esto me acordó a cuando estuve allí, en uno de los destinos más románticos del mundo. Sola.

Todos los días amaneció y permaneció nublado. Hacía frío porque fui en invierno. No recuerdo por qué, pero las horas que estuve en el tren de camino a Venezia lloré mucho. Escribí cartas que nunca envié (yaaaa seeé, aceptado el premio a la PEOR remitente EVER). Esas cartas aun las tengo en alguna esquina resbalosa. Es que en las esquinas todo cabe sin molestar, por años.

Estuve una semana. Los primeros tres días traté de imitar lo que he visto en películas y leído en libros: comer pasta (gluten free porque soy celíaca), dar un paseo en góndolas (era muy caro, así que no pude pagarlo), esperar a la noche para pedir una copa de vino en algún balcón (todos los meseros me miraban apenados: “just for you”?).

Al cuarto día ya no me quedaba mucho que imitar, porque a diferencia de otras personas que tienen infinitos outfits para las fotos, yo vestía siempre igual. Tenía diariamente el mismo abrigo negro con pelitos marrón bordeando el gorro, porque en la mochila no cabía más. Entonces, bajo esas circunstancias, termina siendo aburrido tomarte fotos como principal entretenimiento día nublado y frío tras día nublado y frío.

Es una mentirota si escribo que soy buena con las ubicaciones. Pregúntame cuando quieras, yo nunca sabré por dónde se pone el sol. Me cuesta encontrar la izquierda. Me desesperan los mapas. Aquí es donde se pone interesante.

La única recomendación repetida por todos era: “de noche, no camines sin rumbo; te vas a perder”. En efecto. Hablando de esquinas, Venezia es una bastante laberíntica (aunque mis impresiones en estos casos no cuentan, puedo pasar por el mismo pasillo 20 veces y es “nuevo”).

En la noche del quinto día decidí perderme por las calles, porque “todos los caminos llevan a Roma”… o algo así me dije en una de esas animadas conversaciones que tengo conmigo misma. Lo crucial es que me convencí, fui a perderme.

Tuve una de las noches más complicadas y favoritas de mi vida. Dar detalles ya sería un blog distinto. Solo diré que Venezia en invierno durante la noche estando solo cuando no tienes sentido de orientación debería ser el título de alguna disertación doctoral.

La tomé en 2016. Predelfines.

*Blog dedicado a quienes me pidieron que recordase algún viaje. #backpacker

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s