Contra el muro


Encerrados como reces, pregunté si el cielo cree en dios o existe otro cielo diferente al de arriba que vemos. Quizás el gran Altísimo vive mucho más alto de la ecuación ya calculada, en otros cumulonimbus verdes.

¿A qué otra vida pasan las flores? Me cuestiono fuertemente a quién le oran las hojas. ¿Nubes de arbusto que flotan? En general, vivimos cuestionando y esperando que cosas pasen.

Vivimos para ese polvo, la pacificad del buen diagnóstico, aquella carta de cumpleaños, la borrachera del jueves. Pareciera no ser suficiente. El resto del tiempo, en gran medida ausentes. Y se hace añicos la celebración de estar aquí, se nos queda por vivir la vida. Procuramos seguir en guerra como nos gusta o como conocemos, que es lo mismo.

Germina en el patio de todo cuanto no queremos comer. Cambiamos las semillas por lápiz y papel, para cosechar otros medios y formas, un intento de salir fuera y ser feliz, pero la suerte no está a favor. Y qué triste. Se nos olvidó nadar contracorriente.

Condenados a lamernos las grietas del alma en la salud, la enfermedad y hasta que la muerte, cariñosamente, qué triste, nos liberte.

Dedicado a quien quiso que pensara en los intentos de ser libre.

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