La única regla que importa

De esta cuerda que no acaba, nacemos agarrando el segmento más cercano. Con suerte toca un pedazo fuerte, pero no hay garantías. Una vez creces, te enteras de cómo seleccionar el mejor pedazo de cuerda para disminuir la probabilidad de que tu fragmento quiebre. Solo hay una regla: te agarras o pierdes.

El inconveniente es que disfrutamos agarrar cosas porque sí, sin escoger bien, lo que toque, definiendo a ese ejercicio como máxima libertad. En realidad, pareciera más una excusa para no crecer; vivir jugando para siempre. Agarramos por “derecho, privilegio, diversión, porque puedo y merezco”.

Con frecuencia hay mucho más de uno mismo que de bienestar común en las posturas que defendemos, pero se diluye el dato, porque nos parecemos entre todos mucho más de lo que somos capaces de aceptar.

Dedicado a las intenciones que se disfrazan.

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