Veo, veo, ¿qué ves?

Salto porque los quiero todos, pero no depende de mis manos atrapar a todos los pájaros del cielo. Mis manos, quizás, solo son flores de la tierra. Están aquí para sentir brisa y mariposas que se posen sobre ellas. 

Bailo para no pensar en lo mucho que desgarra el ciclo de las cosas. Me hice amiga de las últimas carcajadas de la gente, que son la métrica final del valor de la vida. Ya no me duele nada.

Fluctúo entre silencio y días crema con sabor a dunas de playa. Pegada al suelo sin entender lo esencial, moviéndome en zigzag, de vez en cuando despierto.

Pestañeo. Aclaro y enfoco el lente. Veo, veo. Unos ojos color marrón que me sostienen. Vuelvo a dormir. 

En mis sueños, salto. Olvido que mis manos son flores. Me alejo de aquellos ojos marrón y ya nada me sostiene. Pendo de mis ilusiones. Empiezo de cero cuestionándome por qué no puedo atrapar a los pájaros del suelo. No consigo hacer tregua con el ciclo de las cosas que no entiendo.

Dedicado a los debates que llevamos por dentro. *Y a las personas especialmente debatientes.

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