Monólogo de ausencia

Cómo vas a dejar que caiga la noche
y yo no esté cerca. Por qué te me borras del mapa, y te me vas. Amor, pero si te vas a ir, primero date cuenta. De todas mis realidades planetarias, eres mi Saturno.

En ti viven mis ideas enmarañadas
y duermen las posibilidades del multiverso, pero fui egoísta. Lo sé. Lo pago a diario cuando te veo y la veo, y quisiera arrestarle la mano
para que suelte la tuya. Amor, ya sé. Con qué derecho escribo, si cada vez que me llamas yo me ausento, me pierdo, me voy.

Y si me voy a ir, primero date cuenta. Más profundo que todas las flechas está lo que pudimos dar, pero el amor se trata de sentir. Yo no puedo hacer que sientas todas las flechas anchas, grandes, mohosas por el tiempo que me atraviesan cuando me orbitas, me besas, me sueltas, te alejas.

Yo muero, desaparezco. Transito arrastrada por una grama que hinca. Se me cae la gravedad. ¡Y tú la atrapas! Como siempre desde la primera vez. Te asomas esporádico, luego te escurres.

Saturno, no nos movemos cerca tú y yo. ¡Millones de años luz! Quién fuera roca de tus anillos… pero soy Planeta. Si estamos cerca chocamos, explosión, se acaba y nunca te darás cuenta de lo que pienso realmente: aunque ni estuvimos ni estemos, ni estuvimos ni estaremos, así es como lo prefiero.

Dedicado a quien me pidió que escribiese sobre las incompatibilidades.

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