Ir a ningún lado es opción

Pesan las ideas. Derramo agua en mi florero gris y reviven los matojos de mi cabeza. Crecen. Me atrapan. Pretendo desatarme a la fuerza. Me enredo más.

Arrojo el florero al suelo y se derrama el agua, esparciéndose bajo todas las puertas del mundo, humectando todas las tierras hasta crecer más matojos.

No puedo moverme, donde sea me atrapa una vaina silenciosa. No hay nadie y me quedo quieta. Tanto, que se me caen los brazos, y la cabeza; se me vuelven locas las ideas y se hacen amigas del mundo y sus matojos.

Dedicado a quien me pidió que escribiese sobre el dolor de una adicción.

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