Jimena Flores

En los crispados cabellos de Jimena él había aprehendido que la vida de ningún modo es una vereda horizontal, sino un espiral que viaja por todos los jardines del mundo. La vida siempre lo condujo de regreso a ella.

Paciente como fotosíntesis, se convierte en peregrino cuando está de vuelta, cada vez, como la primera. Se esparce por el torso de Jimena hasta marchitar el aire y las paredes. Se caen los dos, disfrazados en un mismo espacio, rodeados de nada, pensando en nada. Respirando.

Dedicado a quien me pidió que escribiese sobre besos.

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