Con agua y jabón

Me gusta el camino estrecho. Mis cosas no caben por esa vereda, pero yo sí. Comencé persiguiendo nada, lavándome las manos, aplastando hojas secas, recordando mi último día en el mar. En vez de hojas, aquella mañana crujían olas y la playa desierta, tranquila…

Confundo los tiempos. Estoy aquí ahora y luego se me va la cabeza. Me lavo las manos. Estos días no tiene especial importancia si es miércoles o viernes. Lo que es crucial son las dimensiones del camino y lavarse las manos. Saber cuántos caben aquí y allá. Si hay camas suficientes. Los ruidos también importan, los aplausos. Comprar lechuga y pimientos y rábanos a tu agricultor más cercano igual tiene su mérito, como lavarse las manos.

Pienso en las cosas que no cupieron en el camino estrecho y dejé atrás. Se van difuminando. Tengo lo que necesito. Jabón y agua para lavarme las manos. Suspiro. Extraño el mar. Lo veo al horizonte del camino. No puedo esperar a llegar para lavar algo más que mis dedos. Mi mente también necesita enjuagarse.

Esta cuarentena no se han tomado medidas organizacionales que consideren a la salud mental como esencial. Gracias a la clase artista que produce contenido chévere para enjuagarnos la mente. ❤️

Ausencia o demora

Un escritor escribe con la urgencia de ser leído, queriendo que sea la verdad (o la mentira) más grande del mundo para alguien. Un periodista quisiera ser capaz de dar voz a todo lo importante (aunque a veces lo importante sea cómo aquella se dobló y se le vió tó’). Lamentablemente cubrir cada uno de los pliegues reaccionarios de esta revolución que se llama vida es muy, muy poco probable.

Para cubrir cada pliegue, tendríamos que tener todos los comentarios, suspiros, canciones, memes, miedos, obras teatrales, camisetas y accesorios, videos, notificaciones de whatsapp, bailes, el registro de todas las llamadas que se han hecho a los jefes para pedir el día por enfermedad (que en el fondo son más testimonio de sanidad que padecimiento).

Por debajo de todo lo que no se ha cubierto, en algún margen lejano estoy yo, que a veces escribo poemas porque pienso que son un par de ojos que me miran a mí y al mundo a la vez. Un par de ojos que se mueven, como el paisaje cuando te montas en el carro.

En el margen de al lado seguramente hay alguien también, pero no ha llegado. A esa demora muchos le llaman ausencia. Como el silencio los vuelve locos y no quieren desesperar, se reinventan sus márgenes llenos de horarios. Dicen que es más simple llevarse bien con los minutos del reloj que con las ideas vencidas de la cabeza, pero el tiempo es muy resbaloso. No quisiera mi cuerpo contra su esquina filosa. Yo creo que se demora, pero llega, que no empezamos a la vez, pero sí igual. Bajo la misma circunstancia. Si existe la lluvia, nos mojamos todos. Unos antes que otros, pero todos.

Dedicado a la idea de que las cosas son como son, y no como uno quiere que sean.

Paseo por el pueblo

Costurera de recibos, los adorno y hago una camisa con ellos. Modelo por la calle en blanco y negro. Los contornos, las calles y el camino reaparecen demasiado lento, como mi dinero.

Si pago todo, no me sobra nada. Si algo sobra, es que no pagué el agua. No me baño, la piel manchada. Se me preña la cabeza de complejidades. Pido que llueva para enjuagarme la cara.

Dedicado a quienes no tienen un lugar seguro.

Matando piojos

Entiendes el valor de las cosas cuando te hacen falta. Hace tres días se rompió mi cargador del celular y no me preocupé, porque según yo tenía como diez más. Fui a buscarlos y búm, todos dañados. ¿Quién tiene una gaveta llena de cadáveres de cable? Voy a convencerme de que estos sucesos pasan por arte de magia, como las trasteras, porque de lo contrario sería un pasatiempo poco impresionante. Hola, soy Marimar, coleccionista de cables inservibles. What?

Eran las 11 de la noche. Con el 23% de batería que restaba en mi celular, apagué el aparato para alargar su vida. Esta acción fue BIEN riesgosa y determinante. Si el celular no está encendido, no suena mi alarma y yo no me despierto.

Quizás, como estamos en cuarentena podrán pensar que “da igual” porque puedo dormir hasta tarde, pero no. Me despierto a trabajar tempranísimo… 😭 En fin, decidí confiar en mi reloj biológico. Antes de dormir le dediqué una canción para’ acumular puntitos y tuviese compasión de mí en la mañana.

La canción FUNCIONÓ. Abrí los ojos a las 7AM. Me vestí y fui a la farmacia abierta más cercana. No había fila. Procedo a comprar el único estilo de cargador genérico que venden en las farmacias. Me cobraron $30.00. Infarté. Diez veces. Una por cada cable dañado de mi gaveta.

-“Señorita, ¿quiere el recibo?”

-“No, gracias”, ¿para ver los $30 dólares que acababa de gastar y se volviera real esa injusticia? No, gracias.

Llegué a mi casa. Me quité la ropa en la puerta. La metí toda en una bolsa de basura para lavar. Me desinfecté. Me bañé dos veces. Me lavé el pelo también por si acaso el Coronavirus es como los piojos y se queda viviendo en el cuero cabelludo. Me vestí y listo. 5% de batería y 10 minutos antes de mi reunión por Zoom en la mañana. Persona ordenada vale por dos. 💁‍♀️

Me siento en mi esquina especial de trabajo, respiro hondo, me regocijo conmigo misma por haber sobrevivido a la temible hazaña de salir durante una pandemia. Abro la laptop para irme conectando a Zoom. Abro el empaque de mi nuevo gran cargador que por su precio se supone que estará conmigo hasta que yo cumpla 60 años y… adivinen.

Salió roto.

A veces, justo cuando más seguro estás de que las cosas saldrán bien, pues no.

Vinculación 🌱

Tengo siete plantas en mi casa y adoro ver cómo crecen. Les celebro cada nueva hojita como me celebro a mí misma cada cumple-mes. Psicoplanta, Psycha (su hija), Serenidad, Sánchez, Roberto, Galatheangina y Antonio. Así se llaman. La más viaja llegó a mí hace un año y medio. (Acabo de omitir la muerte de Gladys).

Me gusta pensar que mis plantas reconocen mi tacto y juro que tienen personalidad. De verdad. Quien ha tenido algún tipo de relación especial con plantas estará de mi lado.

Es muy triste cuando se enferman. Cuando les da hongo u olvidaste echarles agua por una semana y te conviertes en el ser más imperdonable del mundo. Te das cuenta porque notas la primera hoja con borde marrón y gritas: “Noooooo. Por favor, no mueras. Prometo echarte agua por siempre y estar aquí para ti, en las buenas y las otras veces también”.

Si con éxito logras rescatar a la pobre planta enferma te conviertes en héroe y cuando no, lo omites. Igual que yo omito a Gladys.

Es fantástico omitir errores. Hace de las historias una chorrera perfecta. Sin tropiezos. Lisa. Todos cometemos errores y por eso todos lo sabemos. No hace falta detallar.

Casualmente, si un día alguien te menciona un error cometido, si no lo omite y te lo comparte así como yo te compartí lo de Gladys, significa que se ha creado un vínculo. Los vínculos son oportunidades. (Aunque también digo que las crisis son oportunidades, porque honestamente tengo tendencias al oportunismo).

Dedicado a quien me pidió que escribiese sobre honestidad. 🌱

Quién es Petra Molina

Ayer por la noche pedí recomendaciones temáticas para mi blog y alguien me escribió lo que jamás pensé: “Marimar, dime quién es Petra Molina”.

Hubiese preferido cualquier otra cosa. Hasta métodos de cómo mapear tecnológica, innovadora, replicable y todos los adjetivos que la gente ama hoy día. Nunca he escrito sobre mapear y me hubiese encantado, pero no. Me pidieron que hablara sobre Petra, no de mapeo. Así que voy.

A ella realmente no la conocí, ¿vale? Eso debe quedar claro.

Sin embargo, su mejor amigo fue novio de Clara, y Clara fue quién me presentó en aquellos tiempos a mi ex. Mi ex es también el ex de Petra, y así es como sé quién es ella.

Hace cuatro años viví en una calle preciosa, se llamaba Viale Papiniano. Solía cada mañana ir al mismo pequeño, colorido coffee shop localizado dentro de una callecita escondida y practicaba con mi mesero palabras en el tercer idioma que estaba aprendiendo. Tanta práctica nos llevó a ser amigos.

Una mañana, fui más temprano de lo usual. Él se tomó su café conmigo, pero a menos que el café estuviera asqueroso, algo le pasaba en el rostro. Tenía cara de desdicha. Como si supiera que de ahí a cuatro años habría una pandemia, y que su país sería el segundo con más muertes del mundo.

-“¿Qué te pasa, Giuseppe?”

-“Estoy pasando por un mal momento. Ayer descubrí que mi hermano es un hombre que aborrezco”.

Hice silencio esperando a que diera detalles si quería y si no, acompañarlo en silencio. Yo tampoco me encontraba 100% bien esa mañana.

“Marimar, mi hermano tuvo una novia que yo quería como hermana. Cuando ella lo dejó, casi lo sufrí más que él. Ayer descubrí por qué lo dejó”.

-“¿Ella lo dejó porque él tenía a otra?”, ya sé, ya sé. Deberían haber otras cuatro mil razones posibles y esta fue la primera que vino a mi mente. 🙄

-“Parece que mi hermano conoció a una nueva enamorada. Esta mañana escuché que la llamaba. Por teléfono, sin gritar, le dijo a ella que tenía 24 horas para borrar todos sus contactos del celular y sus cuentas en las redes sociales o él mismo se encargaría a golpes de que ella lo hiciera. Marimar, jamás había escuchado a mi hermano con ese tono. Esto debió ser la razón por la que Petra lo dejó. Mi hermano siempre ha tenido problemas de temperamento, pero jamás pensé… Marimar, me dio mucho miedo”.

-“Lo sé, a mí también me dio miedo”, bajé la mirada. Tomé otro sorbo de café.

Dedicado a toda persona que haya experimentado lo aterrador de estar en peligro a causa de su pareja. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda.

Existe un interruptor

Las veces que he sentido mi mundo venirse abajo han sido muchas. No recuerdo cómo exactamente salí de cada hoyo, pero sí el enorme agradecimiento de estar fuera; como una profunda sensación de vacío que se llena al experimentar ese “primer día” en que por fin te levantas sin llorar.

Para mejorar holísticamente la salud, se recomienda salir a pasear, compartir con amigos y familia, hacer actividades nuevas como viajar y asistir a clases de zumba o yoga.

Dicho esto, reconozco a todos los que estaban dando su máximo para salir del hoyo y de un día para otro búm, el mundo contrajo pandemia y se apagó. Quiero que sepan que existe un interruptor para encender la luz y no están solos, aunque así se sienta.

Cuando tu salud mental es óptima resulta más probable conseguir la voluntad para leer, ser creativo y cocinar, por ejemplo. En cambio, para una persona deprimida estar encerrada, en aislamiento, no solo es realmente doloroso sino peligroso.

En un acto que busca hacer comunidad, hoy dedico tiempo para escribir ideas que ayudan a atrapar el sentido de la vida cuando las ganas de estar aquí se nos resbalan:

1. Haz algo que te haga feliz, diariamente. Comprométete contigo a experimentar satisfacción aunque sea una vez al día. Puede ser un detalle minúsculo, como comprar el mejor bolígrafo del mundo (lo hice hace unos días) o cocinar con ajo natural (también lo hice).

2. Crea el prototipo de un proyecto personal, y mejóralo día a día. Si te gusta pensar y solucionar problemas, proponte crear un espacio seguro en donde seas tú mismo la voz líder del proyecto. Diariamente, trata de mejorar lo que hiciste ayer. Al final de la cuarentena te vas a sorprender (ojalá que te sorprendas por lo maravilloso que quedó tu proyecto pero, en el peor de los casos, ya sabes cómo no llevarlo a cabo, jajaja).

3. Estírate y medita. Cuando la mente está triste, el cuerpo se “contrae”, como si estuvieras en una eterna posición fetal. Estírate, aunque sea 10 minutos. Es un pequeño gran gesto de amor propio.

4. No olvides comer. ¿Cuando viste el reloj eran las 7:30 p.m. y el hambre no pica? ¿Te envolviste y ya es tan tarde que mejor mañana “bregas con cocinar”? NO. Levántate. Ve y come. Toma agua. Hoy.

5. Haz una llamada, pero no a cualquiera. No todas las personas que forman parte de tu vida merecen ese espacio. Para esta llamada diaria, selecciona únicamente a gente que tenga efectos positivos en ti.

6. Comparte lo que sientes. No ignores lo que te persigue. Hay pensamientos que acechan, y si no los enfrentas, se te quedan con el canto. Escribe lo que te preocupe, y también agradece lo bonito.

7. Compra velas, adopta plantas. La vida es más brillante cuando tu casa huele rico. Las plantas ayudan a recordar lo gratificante que es adquirir responsabilidad.

8. Enfréntate a “esa” tarea. Sé que tienes que lavar ropa, fregar la trastera o hacer tu cama, pero cada vez que piensas hacerlo, tu mente rechaza la idea. Te entiendo. Tengo un truco para esto. Cuentas hasta tres: 1, 2, 3, y sales corriendo a hacerlo. ¡No lo pienses! Hazlo. Cuando termines, te sentirás feliz contigo mismo.