Nada dura para siempre

Los días de mi vida durante la cuarentena son un montón de “sticky notes” magenta sin conexión pegados en la pared de mi sala. “Terminar el ensayo”, “Comenzar a hacer ejercicio”, “¡Voy a ti, tú puedes doblar toda esa ropa!”, “Lávate las manos”, “Marimar las planillas”, “recuerda pausar y respirar”, “ver un nuevo documental”, “llamar a Recursos Humanos”. Esto de comprimir la órbita de mi rutina en una pared reta, pero en serio.

Veo que se han vuelto famosas las listas aconsejando qué hacer si trabajas remoto:

1. Vístete como si fueses a una entrevista profesional.

2. No trabajes desde la cama.

3. Despiértate temprano para que desayunes bien antes de empezar.

4. Etc…

Esta súper cool 😎 todo esto, pero trabajar remoto (o estudiar) durante una pandemia es distinto. Estas listas, aunque ayudan, no son necesariamente vigentes.

Lo que estamos viviendo no es la definición de una vida normal que trasladamos a la virtualidad, es una CRISIS que nos tiene la mente al revés como cucaracha muerta. Y aun así, por nuestros pantalones y cordura, decidimos ser fuertes. Seguir con nuestras responsabilidades como podemos, subsistiendo, resistiendo.

Para aquellos que han tenido días de ansiedad y no se pueden concentrar, los que han llamado al número que el gobierno proveyó porque creen que tienen COVID19 (yo) y necesitan una ambulancia, está bien.

Estos días todos estamos intermitentemente histéricos. Hay razones para eso. Pero nos tenemos. Hace un rato participé por primera vez de una terapia grupal virtual y fue tremenda iniciativa. Sigamos buscando formas. Escuchando nuestras historias. Concentrándonos en lo bueno.

Hoy más que ayer, agraciadamente, nada dura para siempre.

Nos tenemos.

Dedicado a quien sugirió que escribiese sobre cómo organizarse durante la cuarentena.

Matando piojos

Entiendes el valor de las cosas cuando te hacen falta. Hace tres días se rompió mi cargador del celular y no me preocupé, porque según yo tenía como diez más. Fui a buscarlos y búm, todos dañados. ¿Quién tiene una gaveta llena de cadáveres de cable? Voy a convencerme de que estos sucesos pasan por arte de magia, como las trasteras, porque de lo contrario sería un pasatiempo poco impresionante. Hola, soy Marimar, coleccionista de cables inservibles. What?

Eran las 11 de la noche. Con el 23% de batería que restaba en mi celular, apagué el aparato para alargar su vida. Esta acción fue BIEN riesgosa y determinante. Si el celular no está encendido, no suena mi alarma y yo no me despierto.

Quizás, como estamos en cuarentena podrán pensar que “da igual” porque puedo dormir hasta tarde, pero no. Me despierto a trabajar tempranísimo… 😭 En fin, decidí confiar en mi reloj biológico. Antes de dormir le dediqué una canción para’ acumular puntitos y tuviese compasión de mí en la mañana.

La canción FUNCIONÓ. Abrí los ojos a las 7AM. Me vestí y fui a la farmacia abierta más cercana. No había fila. Procedo a comprar el único estilo de cargador genérico que venden en las farmacias. Me cobraron $30.00. Infarté. Diez veces. Una por cada cable dañado de mi gaveta.

-“Señorita, ¿quiere el recibo?”

-“No, gracias”, ¿para ver los $30 dólares que acababa de gastar y se volviera real esa injusticia? No, gracias.

Llegué a mi casa. Me quité la ropa en la puerta. La metí toda en una bolsa de basura para lavar. Me desinfecté. Me bañé dos veces. Me lavé el pelo también por si acaso el Coronavirus es como los piojos y se queda viviendo en el cuero cabelludo. Me vestí y listo. 5% de batería y 10 minutos antes de mi reunión por Zoom en la mañana. Persona ordenada vale por dos. 💁‍♀️

Me siento en mi esquina especial de trabajo, respiro hondo, me regocijo conmigo misma por haber sobrevivido a la temible hazaña de salir durante una pandemia. Abro la laptop para irme conectando a Zoom. Abro el empaque de mi nuevo gran cargador que por su precio se supone que estará conmigo hasta que yo cumpla 60 años y… adivinen.

Salió roto.

A veces, justo cuando más seguro estás de que las cosas saldrán bien, pues no.

Quién es Petra Molina

Ayer por la noche pedí recomendaciones temáticas para mi blog y alguien me escribió lo que jamás pensé: “Marimar, dime quién es Petra Molina”.

Hubiese preferido cualquier otra cosa. Hasta métodos de cómo mapear tecnológica, innovadora, replicable y todos los adjetivos que la gente ama hoy día. Nunca he escrito sobre mapear y me hubiese encantado, pero no. Me pidieron que hablara sobre Petra, no de mapeo. Así que voy.

A ella realmente no la conocí, ¿vale? Eso debe quedar claro.

Sin embargo, su mejor amigo fue novio de Clara, y Clara fue quién me presentó en aquellos tiempos a mi ex. Mi ex es también el ex de Petra, y así es como sé quién es ella.

Hace cuatro años viví en una calle preciosa, se llamaba Viale Papiniano. Solía cada mañana ir al mismo pequeño, colorido coffee shop localizado dentro de una callecita escondida y practicaba con mi mesero palabras en el tercer idioma que estaba aprendiendo. Tanta práctica nos llevó a ser amigos.

Una mañana, fui más temprano de lo usual. Él se tomó su café conmigo, pero a menos que el café estuviera asqueroso, algo le pasaba en el rostro. Tenía cara de desdicha. Como si supiera que de ahí a cuatro años habría una pandemia, y que su país sería el segundo con más muertes del mundo.

-“¿Qué te pasa, Giuseppe?”

-“Estoy pasando por un mal momento. Ayer descubrí que mi hermano es un hombre que aborrezco”.

Hice silencio esperando a que diera detalles si quería y si no, acompañarlo en silencio. Yo tampoco me encontraba 100% bien esa mañana.

“Marimar, mi hermano tuvo una novia que yo quería como hermana. Cuando ella lo dejó, casi lo sufrí más que él. Ayer descubrí por qué lo dejó”.

-“¿Ella lo dejó porque él tenía a otra?”, ya sé, ya sé. Deberían haber otras cuatro mil razones posibles y esta fue la primera que vino a mi mente. 🙄

-“Parece que mi hermano conoció a una nueva enamorada. Esta mañana escuché que la llamaba. Por teléfono, sin gritar, le dijo a ella que tenía 24 horas para borrar todos sus contactos del celular y sus cuentas en las redes sociales o él mismo se encargaría a golpes de que ella lo hiciera. Marimar, jamás había escuchado a mi hermano con ese tono. Esto debió ser la razón por la que Petra lo dejó. Mi hermano siempre ha tenido problemas de temperamento, pero jamás pensé… Marimar, me dio mucho miedo”.

-“Lo sé, a mí también me dio miedo”, bajé la mirada. Tomé otro sorbo de café.

Dedicado a toda persona que haya experimentado lo aterrador de estar en peligro a causa de su pareja. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda. No te calles. Busca ayuda.

Villa Encantada

Es tener un pie de gigante pisándonos los talones
mientras caminamos sobre suelo enjabonado
y una jauría nos persigue el pensamiento.


Al otro día, sin dormir, empezamos desde cero,
el corazón en acuerdo con la mente y amistados,
tratamos otra vez de ser lo que soñamos


y no lo que ellos quieren, pero hay hambre,
y frío. Estamos enfermos. No hay dinero.
Míranos a los ojos antes de negarnos el asilo.

Mientras…

Ni me muevo, ni me levanto, ni me despierto.
Ahí me quedo a ojos cerrados.

No pregunto, menos respondo; no me cuestiono.
Pero ahí me quedo.

Entiéndanlo todos: no nos vamos a quitar.
No me voy a mover.
Nos vamos a levantar.

Mientras….
si llueve, ahí permanezco.

En el día internacional de la poesía, le dedico Villa Encantada a todas las personas en el sur de Puerto Rico que aun duermen en carpas debido a los terremotos de enero 2020.

* Gracias a Raymesh Cintrón, por dejarme ilustrar mi poema con su arte. Es tan fuerte la imagen, que le dio nombre al poema.

Temporis Mora

Una amistad me ha escrito hoy. Su abuelita dio positivo al COVID-19. Este es el primer caso positivo con el que tengo contacto indirecto. Son las 7:38 PM.

No supe automáticamente qué contestar a ese mensaje. Requirió una gran pausa de mi parte.

Pausé desde mi balcón del piso 9, observando sin prestar demasiada atención a las luces encendidas de Santurce, y también al montón de parches oscuros. De noche caminar por las calles sin alumbrado de esta parte de San Juan se siente como explorar el vacío de un esófago húmedo.

Tragué.

“Mantente en paz. Está en manos de profesionales. Tu abuelita será tratada”, contesté.

*Blog dedicado a quien quiso que escribiese sobre la falta de iluminación en Santurce.

Yo Hago Lo Que Me Da La Gana

No confundamos tono con voz. Tono es la manera en que se dicen las cosas. Con el tono adecuado, teóricamente está aceptado decir casi lo que sea (uff, peligro. Mucha gente se ampara en esto para decir todo cuanto les pasa por la mente).

Voz es tu posibilidad de opinar. El discurso democrático de que cada cual opine sobre absolutamente todo suena fantástico. En la práctica, debido al inoportuno uso de los tonos, las voces tienden con frecuencia a lastimar. De aquí que lo considerado diverso se sienta -y sea- abruptamente excluido, violentado desde el primer instante en que alguien abre la boca. La diversidad es una magia incomprendida. Por eso, hay gente que dedica su vida a hacer inteligible esa magia.

Ej: YHLQMDLG es un disco con voz que proviene desde las profundidades de lo diverso, con tono de desmadre colectivo. Y está bien. Está bien el desmadre, especialmente cuando surge desde la fuerza pura del descontento para crear movimiento. Desde el activismo creativo es que hay que combatir y resistir.

Que viva el Reggaeton. 

giphy

*(Nota: Alguien que le diga al COVID19 que NADIE LO INVITÓ al desmadre, pero si eso quiere, vamos a perrearle hasta que se pare y se largue ).

 

 

Dedicado a quien sugirió que escribiese sobre [La magia de la diversidad]. 

 

 

 

El CHAT DE CUARENTENA 

Este es mi segundo día encerrada entre cuatro paredes, por lo menos es dentro del apartamento más lindo que he rentado hasta este momento de mi vida. Me crié en una casa terrera y siempre quise accesibilidad a un balcón, en un piso alto. Actualmente vivo en el piso nueve de un condominio que considero hogar.

Les cuento que el condominio tiene un chat de whatsapp que facilita la comunicación entre los residentes. Mi día empezó con un mensaje que escribí a ese chat, avalando la idea que tuvo una residente amiga de limpiar de manera especial las áreas comunes como lobbies y ascensores. Me pareció excelente, por supuesto que sí. Vamos a limpiar.

Sin embargo la gente, cuando tiene las ideas mohosas por desuso, necesita tiempo para la digestión de temas que corrompen sus rutinas colectivas. Esto de una pandemia nos tiene a todos entre lentos e incrédulos.

Generalmente me encanta pensar que mi cabeza es ágil, y sufre inconveniencias cuando se trata de pausar. Si hay que limpiar, tírame el Clorox, actívame  una salsita de fondo, me pongo la careta que tengo guardada en una bolsa ziplock, los guantes y búm, te limpio el edificio. Calculo me tardaré aproximandamente 27 canciones.  Dale, vamos a hacerlo.

-Zzzz- Vibra mi celular. Alguien escribió en el chat del condominio: “debemos hacer solo lo que nos indica el gobierno, no limpiar de más, puede ser peligroso y aquí viven asmáticos”.

Con la poca vida que me quedó luego de leer el mensaje, me recordé a mí misma: “la gente necesita tiempo, algunos ya se lavan las manos, falta la mente, la mente, la mente, la mente. Marimar, ten paciencia”.

 

*Posdata:

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Entrada de blog dedicada a los que comentaron:

  1. Quiero Saber cómo vives tu cuarentena
  2. Tips sobre cómo lidiar con el día a día 

 

Marimar Sotelo