VIAJES

EL VIAJE MÁS ESPERADO

POR SANDRA SALGADO

Ese día me abundaba la emoción y un exceso de estrés, pues llegar a la base áerea era una incertidumbre. Es la vida misma quien nos topa con cada galantería y grosería al mostrarnos un desorden imperturbable y claro. El temor al ataponamiento se interpuso quince minutos después de salir de mi morada. –¿Qué inventar? -¿Ignorarlo? -No me queda otra. Se lucía crudo y cruel. Con él nadie podía.

Mientras tanto, observaba lo que ocurría en la autopista durante ese evento cotidiano. Diviso a un hombre sacudiendo las cenizas de su cigarillo a través de la vidriera de su puerta de chófer, a su derecha una mujer con sus dos dedos pulgares cabriolando sobre la pantalla de su teléfono móvil, en el margen opuesto un joven tratando de infiltrarse delante de mi coche para adelantarse solo un segundo en esta contienda motriz, un singular santiamén con ruido sincronizado como indicador de la marcha que divide al minuto en sesenta de ellos.

Más allá, a quince pies de distancia, un improcedente estornino de ojos verdinegros aleteando y análogamente cagando en estado líquido la capota de aquel coche desafortunado trajinando bajo su mismo trecho. Fulminantemente se borró el ataponamiento y con el la ansiedad y la fatiga. La satisfacción de poder ver el ave de hierro con su costado rígido me compuso con una risa y un espíritu aventurero. Terminado el protocolo arribo a la puerta de abordaje.


“Group 1, welcome aboard” anunció la azafata con su uniforme planchado al vapor, toda regia y bien puesta. Un minuto, dos, tres y se dobló la racha de espera.


“Group 2, welcome aboard at this moment” repitió la misma aeromoza de buena pinta con un lindo gesto.

Ya en fila y a paso de tortuga topé con mi silla voladora azul grisácea en la que estaré aprisionada por un periodo de quince horas en el vaivén de ir y venir. -¿Qué son quince horas? Por supuesto, nada cuando imagino lo que me espera. Acomodé mi equipaje en el compartimento superior del ave infértil sin antes desenterrar el libro designado a ser mi lectura como meta productiva entretanto estuviera intramuros.

El destino era España conocida así desde el siglo XII, tal vez has oido Hispania, de origen romano y unos cuantos apelativos más. Como cuando pensamos en Puerto Rico pero también en Borikén o la isla del encanto. Fue un sueño hecho realidad, tal como lo había soñado. Desde entonces, reanudo la chamba con la misma ilusión de la primera vez. Pero, primero Dios.

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