LIBERTAD

SUEÑO IMPOSIBLE

POR SANDRA COLORADO

La libertad es un concepto complicado. Podríamos coincidir en que es la facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad. O que es la condición de no estar constreñido -me recuerda estar estreñido- por una obligación, deber, disciplina, etc. Sin embargo, es más fácil identificarla por lo que no puedes hacer. Personalmente siento que la he perdido. Me percibo en una cárcel. Sólo puedo hacer o actuar de acuerdo con las dichosas órdenes administrativas por esta pandemia que nos quita el aliento y las ganas de seguir adelante. Estoy fastidiada, aborrecida, enojada, no sé qué más. Quiero playa, quiero sol. Mi libertad está en ese inmenso océano que nos rodea color verde azul, en las olas de una playa que me acaricien, en el olor a salitre y la brisa fresca de nuestras palmeras. Me veo acostada en mi flotador, el que deja que mitad de mi cuerpo lo acaricie el mar. Me siento soñolienta y la brisa me mece sigilosamente. ¡Qué delicia! 

 Icacos debe estar perfecto. Los delfines jugueteando cerca de la orilla sin que las motoras acuáticas, los botes con sus bocinas estridentes y los turistas curiosos los molesten. Quisiera ser delfín. O mejor sirena, así conservaría mi figura femenina. Me gusta mucho ser mujer. En mi ser femenino también encuentro mi libertad. A lo mejor por eso, a pesar de mi edad, aún soy una coqueta, rebelde. No vieja verde. Sé mi lugar, pero contenta de mi apariencia, de la luz que emano. Sé que soy seductora aún y mi mirada es muy interesante, penetrante, hasta hipnotizadora. Tengo bonitos ojos, al menos. Ufff, pero que calor. Quiero playa. Necesito mar. Es lo único que me da paz. 

Este encierro me hastía y me hace sentir impotente. Hasta las palabras se me escapan. Quiero mi mar, mis olas, mi lugar preferido y, a lo mejor, hasta una Medalla me tomaría. Con lo que las detesto, pero si estuviera bien friiiiiiiía, vestidita de novia, como dicen, me la doy, a que sí. Mi perro está aburrido también. Extraña nuestras largas caminatas por la playa…la playa no le gusta, pero me complace y se moja un poquito. 

No puedo más. En este apartamento no me cabe ni una piscina plástica. Si tan sólo pudiera ir a Isla de Cabras. Allí podría mojarme los pies y oler el salitre. Qué falta me haces, mar, mi mar, mi amante, mi amado. Ya estoy divagando. Si el mar fuera hombre, pobre de mi esposo, ya me habría fugado. Que idea tan loca. Este encierro me está enloqueciendo. Creo que debo acostarme un rato en la hamaca. Al menos ahí llega la brisa, pongo música, cierro los ojos y a lo mejor siento que el mar me moja y vuelvo a sentirme libre, dueña de mí.


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