LIBERTAD

PLAYA PLENITUD

POR JUAN CARLOS ROMÁN

En una tarde brumosa de verano salía el sol en el horizonte. Allí, en la playa de Felícita, se encontraba una persona caminando con su pareja a la orilla de la playa. Iban hablando sobre sus vidas, sus anhelos, sus metas y sueños. Llevaban casi un año conociéndose y deseaban pasar el resto de sus vidas juntos.

Al ver unas piedras rocosas en el horizonte, decidieron ver qué había tras ellas. Cuando llegaron a la cima de las piedras, vieron un extraño laberinto. La curiosidad pudo más que el miedo y decidieron ver a dónde los llevaría esta extraña estructura. Al acercarse, se dieron cuenta que estaba hecho de un mosaico de espejos angulados. Unos eran transparentes, otros transluscentes; unos cóncavos y otros convexos.

Se preguntaban qué había el otro lado de la curiosa estructura. Al entrar, vieron un letrero con un mensaje. Decía “en la playa de Felícita puedes encontrar la libertad”. Asombrados, inquietos y con el espíritu aventurero que ambos tenían, entraron para ver qué encontraban.

Encontraron un laberinto lleno de preguntas y caminos sin salida. Existían cuestas, pendientes, un jardín de rosas y un lago artificial en medio de tanto sendero sin sentido. Allí, había una fuente de donde emanaba agua de una fuente con música de Mozart. En el otro extremo de esa fuente estaba la salida.

Un lugar estrecho y poco concurrido. Un lugar donde había que usar la imaginación, la astucia y hasta quebrar las reglas para llegar a su centro. El trayecto de esta aventurera pareja duró mucho más de lo que ellos pensaron. El sol del mediodía les azotaba la frente y las gotas de sudor caían al piso cada vez con más frecuencia.

A ese laberinto muchos entraban, pero pocos salían. Ese laberinto de Felícita, donde la mayoría se quedaba viendo el espectáculo de la fuente de agua y música, era caluroso, difícil y angustioso; solo tenía una salida.

Al lado de una puerta falsa había un mensaje – una especie de acertijo. Decía, “aquí encuentras la persona que te hará feliz y libre”. Era un espejo y a su vez una puerta. La pareja llegó allí y se confundió. Volvieron por el mismo camino y salieron por la entrada. Al otro lado de la puerta, estaba una playa secreta que muchos imaginaban pero pocos veían – se llamaba Playa Plenitud.


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