MEMORIAS

DE UN SUEÑO

POR JOSÉ MARTÍNEZ

Soñé que se me caían todos los dientes.

Cuando desperté, sentí los fragmentos de calcio astillado en mi boca. Qué oportuno el que fuera de camino a mirarme al espejo, pero qué inoportuno lo que vi. Pedazos de dientes colgaban los unos de los otros, aferrándose desesperadamente de donde pudiesen. Cada uno se rompía en cien partes, como rompecabezas para todas las edades. Los sentía detrás de mis labios y al pasar mi lengua sobre ellos, se volvían polvo; disolviéndose en mi saliva. Sabía a leche en polvo. En su lugar, solo quedaban hoyuelos escarlata profundos que me
devolvían la mirada.

Quizás nadie me podía ayudar, pero mi casa se había vuelto tan enorme que ni siquiera encontraba quién me acompañara. Con cada paso se alejaban las cuatro paredes y con cada paso perdía más de mi dentadura. En la sala me topé con mi hermano, me topé con mi abuela, pero hablaban entre sí y no conseguía que me acompañaran en mi sufrimiento. Cada cual se preocupa de su propio esqueleto.

Al abrir los ojos, la oscuridad y la soledad me abrazaron tiernamente. Mi lengua vacilaba, temiendo terminar de tumbar los dientes que quedaban mientras trataba de confirmar la mentira de mi mente. Todos siguen ahí, pero con cada tecla que marco, olvido otro detalle del sueño. Eso es, si siquiera lo soñé.


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