MEMORIAS

Nuestra primera gran aventura

POR VALERIA HERRERA

Era 29 de diciembre, demasiado caluroso para ser invierno, demasiado frío para mi primera elección de outfit, un coordinado de falda apenas arriba de la rodilla y blusa negra floreada. Así fue como empezó el día. ¿Qué eliges para ponerte antes de una pequeña gran aventura?

Dos cambios de ropa, maleta lista en la puerta, corazón en taquicardia, uber en camino. Después nos encontramos. Una parada veloz y necesaria para surtirse de papitas y chocolates, y luego dos horas de camino. Aventuras como estas te recuerdan lo importante y cierto que es disfrutar más el viaje que el destino, porque al principio tienes la sensación de que todo tiene que ser perfecto, porque contigo siempre parece serlo. 

Como en todas las historias con final feliz, el contexto no fue lo que esperábamos, no era lo que planeábamos y todo fue espontáneo; todo salió mejor. Esta es una de esas aventuras que quisieras gritarle al mundo lo bien que la pasaste, todo lo que hiciste y sentiste, pero al final prefieres guardarla por siempre en tu corazón porque lo hace más especial.

Hay días que podrías no vivir y tu vida sigue igual, tu camino continúa con las mismas cosas de ayer. Hay días que te cambian la vida, que te provocan tantas sensaciones que nunca olvidas y nunca vuelves a lo que eras ayer. ¿No deberíamos de crear más días así? ¿No quieres planear más pequeñas aventuras que te hacen crecer?


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