VIAJES

NACÍ PARA VIAJAR

POR MELINA CAMARILLO NERI

Desde que me enteré que el mundo era más grande que el lugar donde vivía, quise viajar, anhelaba subirme a un avión y explorar cada rincón que existe en la tierra. 

Aún recuerdo mi primer viaje internacional, fue un intercambio a Puerto Rico; jamás estuvo en mis planes, pero sí en un mapa. Con el dedo buscaba dónde se ubicaba, era una segunda oportunidad que no estaba dispuesta a dejar pasar. Hice de todo para llegar ahí, pedí prestado, vendí elotes, trabajé en una tienda de ropa, concursé para becas y al final, un 14 de agosto de 2014, me subí por primera vez a un avión. Sentí mi corazón vibrando, vi el avión elevándose y las casas se hacían chiquitas, el señor de al lado me preguntó: “¿Es tu primer vuelo?” . Yo sin pensarlo grite: “¡SI!”.

Jamás olvidaré cuando llegamos a nuestra primer escala: Dallas. Había un mundo de gente. Yo me sentía chiquita en medio de personas que solo veía en películas, había árabes, hindús, japoneses, gringos. Ahí, en ese lugar, comprendí la grandeza de la humanidad y cómo todos somos tan diferentes. Amé esos contrastes, quise platicar con todos y esos pensamientos se interrumpieron cuando un japonés nos dijo con unas maletas: “Jan Guan, Jan Guan”. Yo no entendí nada, estaba paralizada, como si un extraterrestre me hablara. Mi amiga que iba conmigo contestó: “SI, San Juan, Puerto Rico” y tomó las maletas de inmediato. 

Aterricé en Puerto Rico por la noche, estaba agotada pero feliz, no podría creer que por fin estaba ahí. Vi las luces alrededor, sentía incertidumbre, iba a vivir ahí por cuatro meses y estaba segura, serían toda una aventura. 

“La mexicana” me decían. Fueron tantas cosas, que me pasaría hablando de la Isla. Me encantó con su gente, su baile, sus paisajes, el Morro, el mar, la música. Me fui siendo Melina y regresé siendo una boricua. Me reconocí, volví a preguntarme ¿quién era? Fue como volver a nacer, estaba lejos de todo lo que conocía y estaba dispuesta a hacer de ese viaje el comienzo de una gran aventura de por vida. Conocí amigos que hoy considero hermanos, bailé, reí y me transformé. Desde ese viaje mi corazón es boricua pa ́que tú lo sepas. 

El viaje es una catarsis, que te hace sentir la libertad. Quizás cuando muera no podré llevarme nada, pero en mi ser, llevo los viajes que me llenaron de luz, que me dieron tanta alegría. Hoy cuando lo recuerdo, no puedo evitar llorar de felicidad. Si pudiera decir para qué nací, diría que nací para viajar y compartirme con el mundo.


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